domingo 15 de enero de 2012

Ayer...





A mano amada


A mano amada,
cuando la noche impone su costumbre de insomnio
y convierte
cada minuto en el aniversario
de todos los sucesos de una vida;

allí,
en la esquina más negra del desamparo, donde
el nunca y el ayer trazan su cruz de sombras,

los recuerdos me asaltan.

Unos empuñan tu mirada verde,
otros
apoyan en mi espalda
el alma blanca de un lejano sueño,
y con voz inaudible,
con implacables labios silenciosos,
¡el olvido o la vida!,
me reclaman.

Reconozco los rostros.
No hurto el cuerpo.

Cierro los ojos para ver
y siento
que me apuñalan fría,
justamente,
con ese hierro viejo:
la memoria.


Angel Gonzalez


 

4 comentarios:

ANTIQVA dijo...

Ayer, en las rebajas de El Corte Ingles, compre por cinco euros y pico una biografia novelada de Angel Gonzalez escrita por Luis Garcia Montero...

Lo digo por si quieres acercarte... A fin de cuentas, son menos de seis euros...

En la portada, esta Angel Gonzalez de niño...

Petitesa, te mando un abrazo muy fuerte y el deseo, ojala sea realidad, de que todo vaya bien...

MartinAngelair dijo...

Hace muy pocos años que realmente conozco la poesía,...


...venía conmigo porque quería estar con los demás en un mundo nuevo que se me ofrecía.



Lo más curioso es que ahora, hay veces en que la echo de menos, o mejor dicho,...la echo en falta.




Ángel González fue uno de los que pasaron por mis manos sin saber que pasaba para quedarse.



Estos versos fueron los que compartí con otras almas en su día, y al hacerlo, aquí conmigo siguen.


...

No fue un sueño,
lo vi:

La nieve ardía.

...




...

Mi memoria conserva apenas solo
el eco vacilante de su alta melodía:
lamento de metal, rumor de alambre,
voz de junco, también
latido, vena.
Recuerdo claramente su erre temblorosa,
su estremecida erre suspendida
sobre un abismo de silencio y ámbar,
desprendiéndose casi
de la música oscura que por detrás la asía,
defendiéndose apenas
del cálido misterio que la alzaba en el aire
creando un solo cuerpo de luz y de belleza.
Luminosa y precisa,
yo la sentía en mi ser profundamente,
sabía su sentido,
descifraba sin llanto su mensaje,
porque acaso ella fuese
-o sin acaso: cierto-
la única palabra irrefrenable
que mi sangre entendía y pronunciaba:
una palabra para estar seguro,
talismán infalible
significando aquello que nombraba.
Como un perfume que lo explica todo,
como una luz inesperada,
su presencia de viento y melodía
hería los sentidos, golpeaba
el corazón,
estremecía la carne
con el presentimiento verdadero
de la honda realidad que descubría.
Pronunciarla despacio equivalía
a ver, a amar, a acariciar un cuerpo,
a oler el mar, a oír la primavera,
a morder una fruta de piel dulce.
Todo ocurría así, hasta que un día
la dije bien, y no entendí su cántico.
La grité clara, la repetí dura,
y esperé ávidamente,
y percibí, lejano,
un eco inexplicable, infiel
reflejo
que en vez de iluminar, oscurecía,
que en vez de revelar, cubrió de tierra
la imprecisa nostalgia de su antiguo mensaje.
Cuando un nombre no nombra, y se vacía,
desvanece también, destruye, mata
la realidad que intenta su designio

...

Á.G.




(...lamento de metal, rumor de alambre,...se me quedó tan fácil, como para decidirme a compartirlo hoy, y esta vez en tu casa,... :)






Un beso.
B.T.C.A.

Angeles dijo...

Hola querido Antiqva, las cosas van, que ya es suficiente por el momento. Las navidades fueron muy tristes, pero afortunadamente ya pasaron; al contrario de lo que piensa la gente, la navidad es una época terrible, parece que todo el mundo ha de ser feliz por imperativo legal, lo que produce un fenómeno que raya la tortura sicológica, aquellos que no tienen motivos para estar felices se sienten aun más infelices, un efecto rebote de lo más horrible.

Pero por fin llego el frio, que a una servidora le gusta muchísimo, los días nublados y lluviosos me encantan, al contrario que a mucha gente, a mi me relajan y me hacen sentir bien.

Un beso muy grande Sr. Antiqva

Angeles dijo...

Gracias Martin¿?a, me gusta Angel, me gusta tanto la increíble intimidad que desprende, como su fina ironía, y en ocasiones, sus palabras casi abruptas que incitan a la risa más que a la sonrisa.

No hablo nunca de poesía, no lo hago con nadie, me resulta complicado hacerlo, me parece algo tan íntimo que me da un increíble pudor, lo que no impide, que me encante escuchar a los demás hablar de ella y encontrar en los otros las mismas pulsiones que uno esconde.

Un beso