viernes 23 de diciembre de 2011

De soledades, cafés y capuchinos...


De soledades...


Si se busca la palabra soledad en el diccionario, encontraremos siempre los mismos términos para definirla:

Soledad “sustantivo femenino”
Carencia de compañía.
Pesar y melancolía que se siente por la ausencia, muerte o pérdida de alguna persona o cosa.
Aislamiento
Lugar desierto o tierra no habitada.
métr. y mús. Copla que se canta, y danza que se baila con esta música. Suele constar de tres versos octosílabos que riman en asonante el primero con el tercero, y el segundo queda libre.
mús. Tonada andaluza de carácter melancólico, en compás de tres por ocho.


Pero en el post anterior y más en concreto con la imagen que lo ilustraba, no me refería a la soledad definida en el diccionario, me refería, a la otra soledad, esa que es inherente al ser humano, la soledad que nos habita y forma parte de nosotros,  nuestra propia esencia.
Como seguramente yo me haría un lio para tratar de explicarlo, creo que esta definición del diccionario filosófico, describe con bastante precisión la soledad en la que yo pensaba en ese momento.


La soledad, no es lo mismo que el aislamiento. Estar aislado es estar separado de los otros: sin relaciones, sin amigos y sin amores. Estado anormal para el hombre, y casi siempre doloroso o mortífero. En cambio, la soledad es nuestra condición ordinaria: no porque no tengamos relaciones con el otro, sino porque estas relaciones no podrían abolir nuestra soledad esencial, que reside en el hecho de que estamos solos para ser lo que somos y para vivir lo que vivimos. «En la medida en que estamos solos -escribe Rilke- el amor y la muerte se aproximan.» No porque no exista el amor, o que uno muera solo, sino porque nadie puede amar o morir en nuestro lugar. Por eso «uno muere solo», decía Pascal: no porque haya de morir aislado (en tiempos de Pascal, casi nunca sucedía así: a su lado, se encontraban normalmente un sacerdote, la familia, los amigos...), sino porque nadie puede morir en nuestro lugar. Por eso uno vive solo, siempre: porque nadie puede vivir en nuestro lugar. Por eso el aislamiento es la excepción, y la soledad, la regla. Es el precio que hay que pagar para ser uno mismo.





Durante mucho tiempo pensé que uno de los motores principales que nos mueven en esta vida, es la búsqueda de un lugar al que llamar casa, y no me refiero a un edificio, no, no es eso  lo que quiero decir cuando digo casa; ese lugar en concreto podría ser una persona, un trabajo, un círculo de amistades, un sueño....algo que consiga que por fin dejemos de sentirnos solos, algo que nos haga sentirnos seguros, cómodos, realizados, completos...

Ahora ya no veo las cosas igual, hace mucho tiempo que cambie de opinión, (Aunque quizás dentro de media hora piense lo contrario, me suele suceder) después de darle muchas vueltas al asunto, estoy convencida de que no es necesario buscar nada, porque cada uno de nosotros somos nuestra propia casa, (Algunas con goteras, otras sin reformar o declaradas en ruina, muchas, pisos altos sin ascensor, otras afortunadas, con vistas al mar y con hermosos jardines...) quizás podamos realquilar un cuarto de esa nuestra casa, abrir las ventanas de par en par, hacer celebraciones... pero todo dará igual, seguiremos habitando en ella, con sus cajones cerrados con llave donde guardamos lo más intimo, sus habitaciones tapiadas porque nos espanta su contenido, con lugares secretos que nadie ha conocido y conocerá; pase lo que pase, siempre retornaremos a nosotros mismos, por mucho que compartamos, siempre seremos inquilinos de nuestra propia soledad.


De cafés y capuchinos...


Me gusta el café solo, con espuma, largo, muy caliente y con dos azucarillos, en ocasiones también pido un cortado, no un café manchado, ni café con una nube de leche, (que no dejan de ser un café sucio y una leche sucia) Me gusta como dice su nombre, cortado, (por la mitad) mitad café, mitad leche.

Me gusta el olor que deja en la casa el café recién hecho. Recuerdo cuando de pequeña mi madre me mandaba a la tienda de ultramarinos a comprar un cuarto de café en grano, negro como el carbón; la dueña de la tienda abría el paquete y metía su contenido en un enorme molinillo industrial, lo molía y volvía a introducir el café ya molido en la bolsa, de vuelta a casa, iba todo el trayecto con la nariz pegada al envase; por alguna extraña razón, el olor a café me devuelve a mi infancia.

Pero lo que quería decir antes de irme por las ramas es, que aunque no tomo capuchinos, no tuve más remedio que convertir el café de la imagen en un espumoso capuchino. Gaste más de dos docenas de mini-barquitos de papel en la fotografía, cada vez que posaba uno en la espuma del café, el barquito empezaba a hundirse y tardaba escasos minutos en naufragar, probé con café frio, pero se iban a pique con la misma rapidez, no me daba tiempo a dejar el barquito en la taza y disparar la cámara, cuando me daba la vuelta ya descansaba el velero en el fondo del mar, eso por no hablar de los churretones que quedaban en la taza y el plato de tanta marea táctil.

A punto de desistir,  en uno de los múltiples viajes al cuarto de baño para lavarme las manos pringadas de tanto meterlas en el café y rescatar los restos del Titanic, me fije en la espuma para el pelo de mi hija....y vuelta a empezar, tire una veintena de fotos porque también se hundían los barquitos, eso si, mucho más lentamente, en este caso el problema era la espuma, que se balanceaba y movía como si de olas verdaderas se trataran.

Ya ven el poco glamur de la fotografía...jajaja...que para hacerle justicia, su verdadero titulo tendría que ser “Cabezonería”...jajaja...












4 comentarios:

Ío dijo...

En cuanto a la soledad no puedo añadir nada, todo lo dijiste y quedó claro que es lo segundo y no lo primero, ya sabemos que en ciertos términos la Rae se ha quedado anquilosada.
Y en lo otro.....todos estamos dentro de nosotros mismos, como estemos, rotos o enteros o a medias tintas, y es casi imposible salir, creo que hay que estar un poco loco para lograr abrir las propias puertas, eso o no sé, emborracharse o tomar alguna clase de droga, digo yo.
Y también digo que estando loca, como estoy jajajajajaj, lo difícil es muchas veces volver a entrar.

Me encantan la ventana y el barquito navegante, y yo que quería darle un bocado a la espuma, por diossssss
La cabra también me gusta jejejejjeje

Felices Fiestas, niña, pásalo bien¡¡¡


Ío

ANTIQVA dijo...

Petitesa, recuerda que no estás sola... Y no hagas mucho caso de la filosofia... Qué sabran los filosofos de lo que es la vida...

Pero yo no venia a filosofar, sino a darte un par de besos, que te los debo... Y a quedarme un rato embobado viendo tus fotos... Yo, de momento, no paso de fotografiar cosas como nudos para atrapar diablos o molinillos de viento... No doy mas de si...

Un abrazo fuerte, amiga, y un par de besos... Y otro tanto para Ío, que veo que se está tomando un café al lado...

sargantana dijo...

yo..como antiqva venia hoy especialmente a dejarte unos besos
a decirte que no estas sola..o al menos no mas que todos
por mucho que a veces nos invada un enorme vacio y los recuerdos y las añoranzas nos retumben dentro..
fito lo dice en su cancion...este mar tiene muchos barcos hundidos..pero de cada naufragio hay que aprender y es con esa tozuneria y esa fuerza que ni sabes de donde sale, que se consigue

usease..que tengas unos dias serenos, mi niña y no dejes de expresarte con esas fotos tuyas que son alimento para la retina y transmiten mas que la radio

un abrazo muy sentido
te quiero...

ANTIQVA dijo...

Yo venía, realmente, a tomarme un café de esos riquísimos que preparas, pero veo que nuestra entrañable Lagarjita y nuestra amiga jupiterina se lo han tomado ya todo...

Bueno, pues mil besos a cada una...

Y el ruego de que intentes ser muy feliz, y que sepas que los amigos, ademas de quedarte sin cafe, te queremos muchisimo...

Y un abrazo, a modo de traca final